¿POR QUÉ HACER UNA PELÍCULA BASADA EN LO QUE QUIERE EL PÚBLICO?

¿Recuerdan Moneyball? Es la película protagonizada por Brad Pitt en la que el coach de un equipo de fútbol americano sale campeón gracias a un sistema estadístico que le permitía saber que jugador era mejor para cada posición incluso antes de haberlo entrenado. Dicha película tiene dos premisas interesantes: Estar basada en una historia real y llevar a un campo totalmente diferente el ejercicio estadístico con fines resultadistas.

En el audiovisual, y gracias a las nuevas tecnologías, esta práctica parece cada vez menos ajena. Aunque aún exista mucho charlatán en el medio, está claro que la adopción de la era digital funciona cada vez más como pitonisa moderna en la medición de impacto de un comercial, una activación e incluso una película.

¿Qué es mentira? Entonces no conocen el caso de House of Cards, la serie de Netflix que fue posible gracias a un algoritmo y  estudio de comportamiento y consumo dentro de la plataforma, y que fue desarrollado por Piedmont Media, una compañía dedicada a testeos analíticos con el fin de decodificar lo más posible gustos, hábitos de consumo y preferencias de los espectadores (¿Por qué no se nos ocurrió antes? 😦 )

El estudio de mercadeo está basado en casos de éxito de los políticos actuales

Entonces ¿Por qué aún muy pocas personas se animan a hacer una película partiendo del gusto del público? (Decimos muy pocas porqué estamos seguros que Michael Bay y Dago García piensan siempre en la masa ignara) ¿Por qué nos cuesta aún adoptar las tecnologías que tenemos a nuestro alcance y jugar con ellas en beneficio propio? Después de una charla con alcohol de por medio, hemos llegado a estas 5 conclusiones:

1.  Porque afecta la visión romántica del cine: El cine, aunque nos cueste aceptarlo, es un ejercicio de consumo. Ojo, eso no quiere decir que le restemos todos el impacto cultural que ha tenido en la humanidad, pero ir a una sala, pagar un tiquete y encima sacar más dinero para atiborrarse una maldita caneca de crispetas no es precisamente lo menos capitalista que haya. Ahora bien, eso no niega la existencia de festivales de cine gratuitos, cine foros, cineclubes, círculos de discusión y otras iniciativas que no buscan rédito económico y más bien están detrás de la labor artística. Magnífico, pero no podemos negar que la industria se mueve en gran medida bajo la lupa industrial de producir, sacar, “vender” y repetir.

Entonces, cuando proponemos crear una película desde un estudio previo de qué le gustaría a la gente, bajamos del pedestal humanista a nuestro amado séptimo arte y lo reducimos a un vulgar consumo digno de esta sociedad materialista (inserte arenga anti sistema acá) Eso, por supuesto nos desenamora mucho de la idea transformadora que tenemos de hacer cine.

El cine por el cine

2. Porque implica renunciar al ego de artista: Dentro del equipo de este blog, tenemos a un prospecto a director, un guionista frustrado y un artista incomprendido. Todos ellos siguen sin ver realizados sus proyectos y siguen creyendo que algún día lo harán. Imaginen que les proponemos un sistema estadístico con el cual dejarían el anonimato solo si crean su obra bajo una serie de pasos pre fabricados. ¿Lo harían?

Con absoluta certeza lo rechazarían ¿Por qué? Porque en las ruedas de prensa de los grandes festivales todos queremos contestar a la pregunta “¿Qué te inspiró a hacerlo?” con un profundo discurso acerca de la desigualdad en el tercer mundo y no con un “Lo saque del estudio de una computadora”. Está claro que el mito del artista se vería amenazado si el acierto de nuestra obra no viniera de un sentimiento sino de un algoritmo.

Imposible renunciar a este argumento y corte de cabello

3. Porque amenazaría gran parte del sistema de las escuelas de cine: En cierta medida concebir una obra desde este punto de vista trastoca algunos de los fundamentos tradicionales de enseñar cine. El proceso de pensar, escribir, reescribir, inspirarse y volver a reescribir ya de por sí entraría en crisis. Ni hablar  de lo que significaría para los libros de la historia de cine. Los maestros tendrían que decir que hasta el 2020 el cine le perteneció a los grandes guionistas, dramaturgos y escritores y que a partir de allí vinieron una suerte de HAL 9000 a decir que le interesaría al público y que no.

De por sí ya tenemos conflicto cuando nos dicen que todas las historias del mundo mundial responden al Camino del Héroe, como para ahora tener que construir todo un universo de acuerdo a una serie de pasos pre fabricados que vienen de una computadora.

Un algoritmo que nos diga como escribir bien.

4. Porque implica socializar un relato: Escribir también está asociado a una visión intimista sobre determinado tema. Si ustedes son escritores o conocen a alguien que lo haga, saben que exponer el guion ante un grupo de conocidos o extraños es casi tan cruel como desnudarse frente a ellos. Tememos que nuestro universo perfecto se vuelva añicos por las opiniones de unos  hijueputas que “no entienden o no están preparados para semejante historia” y por ello preferimos resguardarnos en nuestra única visión a fin de no servirla al escrutinio de posibles colaboradores o destructores

Cuando nos ubicamos en el hipotético ejercicio de crear una película desde lo que casi con seguridad consumiría un público, inmediatamente la vena de la creatividad se vería amenazada por focus groups de freakies que despedazarían una idea inicial, pero además nos rebelaría que ese futuro post apocalípitco de Brayans con el que tanto soñamos, quizá no le interesa a nadie salvo a nosotros mismos.

“Debe ser un mal chiste”

5.  Porque aún son tecnologías costosas e inexactas: Finalmente sí, aplaudimos la labor de Piedmont Media y Netflix pero somos realitas, esos estudios deben ser demasiado costosos y solo asequibles para las majors del cine mundial y nos atrevemos a decir que son inexactos

¿Hasta qué punto? Está claro que arrojan datos acertados, prefabrican tendencias y acciones de consumo bastante acertadas pero si algo nos ha enseñado la historia es que el comportamiento del ser humano es impredecible. Ni todos los estudios de mercadeo, análisis socioculturales y conspiraciones illuminati han conseguido acertar totalmente sobre como reaccionaremos ante algo y esa es la magia a la que aún la tecnología no accede. La muestra fehaciente es que hace 50 años nadie hubiera creído que una mujer diciendo “Epa Colombia” tendría tanta visibilidad mediática, y la actualidad nos ha demostrado lo contrario.

Mientras tanto, así usamos la herramienta más cercana que tenemos a esas aproximaciones.

Hacer una película invirtiendo parte de los procesos creativos puede ser una idea consumista o un experimento innovador, cada cual está en la libertad de adaptar parte de estas ideas a su que hacer o simplemente olvidar esta mierda y continuar bajo sistemas más tradicionales. Ninguno es más cierto que el otro.

Lo único verídico acá es que tenemos Facebook e Instagram, y allí también escribimos bobadas sobre como el cine cambia nuestro modo de vida.

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