LO QUE ES PA´ UN ES PA´ UNO. RADIOGRAFÍA DEL FESTIVAL DE CINE DE VILLA DE LEYVA

Sostiene la cultura oriental que todo es la suma de los opuestos. Bien y mal se necesitan tanto como noche y día, positivo y negativo o vida y muerte. Y el eterno baile de estos confluye en lo que llaman equilibrio, en la eterna atracción de dos elementos que hacen que todo sea posible.  

 

Esa premisa retumba en nuestros oídos cuando escuchamos a uno de los productores invitados al taller de pitch decir “Únanse, conéctense, el cine no es posible hacerlo solo”. Entonces parece irónico, casi planeado y meditado que el lema del Festival de Cine de Villa de Leyva sea “Lo que es pa uno es pa uno”

 

Porque desde la misma imagen oficial, con su conjunción de masculino y femenino y su mensaje visual de la pareja como factor primordial del cine, nos sumerge en esa dualidad, una dualidad que encarna el afiche oficial y que se despliega con ligereza en las fachadas del municipio ubicado a tres horas de Bogotá. Acabamos de llegar y  a diferencia de otros festivales de mayor rimbombancia, el de Villa de Leyva cobija de manera tenue las paredes y edificaciones, proponiendo una suerte de armonía con el lugar y un sutil pacto con la el patrimonio del pueblo. El 1 + 1 llevado a la convivencia entre cine y espacio arquitectónico.

Con un clima cálido y tranquilo, Villa de Leyva nos recibía por tres días a propios y extraños para vivir juntos la onceava edición. El inicio de una nueva década de existencia y la posibilidad de seguir reinventándose y permitir el surgimiento de nuevos talentos a sus espaldas.

Es el caso del laboratorio de guion, uno de los eventos insignia del Festival, en el que 7 desconocidos se confrontan con sus historias. “Deben encontrar la unión ideal entre el papel y lo que quieren contar” reza con vehemencia uno de los tutores. 

Por suerte el festival se ha convertido no solo en un espacio de cinefília sino de formación. Las mentes inquietas atienden a los conversatorios que se desarrollan en el marco de este espectáculo. y que usan la premisa colaborativa como impulsor de discusiones. Una charla de las parejas de productores en la cinematografía colombiana arrastra a Madlove, Diafragma y Laberinto a compartir experiencias y lanzar al aire anécdotas sobre lo importante que es el otro para la realización del séptimo arte.

Seguro que no es difícil de ver que este principio se repite en todos los ámbitos del cine, como en las proyecciones al aire libre en la Plaza principal donde espectadores de todos lados se sientan frente a la pantalla y junto a sus cómplices extasían por las imágenes proyectadas. La cerveza y el jolgorio vendrán después, en el mismo lugar, como parte del ritual que une la visión y el gusto, sentidos indispensables en el cine.

 

Observamos como cada evento es registrado por las redes sociales que buscan contribuir a la experiencia inmersiva. Lejos de pretender reemplazar asistencia por views, la organización transmite charlas y premiaciones como parte de la sinergia que nos propone. El 1+1 entre digital y real para llegar a más personas.

Apalancados en estas facilidades tecnológicas, varias personas pudieron ver a través de sus dispositivos las intervenciones de Felipe Aljure, empoderado en aquel conversatorio sobre los retos de hacer cine en Colombia. A su lado Carolina Barrera, que ha trabajado con algunos de los directores más taquilleros del país como Harold Trompetero o Dago García; al otro, Felipe Martinez, quien pertenece a esa corriente que media entre lo comercial y lo autoral. 3 mentes, 3 puntos de vista para enriquecer una cinematografía que anhela todos los panoramas y necesita cada vez menos de una única visión.

La eterna sugerencia de unión tiene un punto de inflexión minutos después cuando en el mismo lugar, cada uno de los 7 elegidos para el laboratorio de guion deberá defender su historia frente al jurado. No nos dejemos llevar por la disposición del espacio, símil de un enjuiciamiento público, sino por la oportunidad que representa para cada uno de ellos demostrar que hay un único discurso entre mente y corazón, entre texto y subtetxto, entre guion y guionista.

El festival culmina con su habitual premiación. El reconocimiento hace posible que existan ganadores, y porque no, perdedores también. Ambos necesarios en el panorama audiovisual. El vencedor será entonces el público, y aquel que sea capaz de adjudicarse conocimiento y experiencia por encima del premio otorgado en cada una de las categorías. 

Con la caída de la noche y la llegada del amanecer, se acaba una nueva edición de esta fiesta cinematográfica. Los involucrados se saludan , se despiden, se cruzan por última vez o por vez primera según como ellos decidan. De acá saldrán nuevos cortos, nuevos largometrajes, más proyectos, más colaboraciones, guiones inéditos e historias renovadas. Todo ello es posible gracias a la suma de elementos, a la atracción de opuestos, al 1 + 1 que nos han inyectado desde el primer día, porque como en la vida misma, en el cine lo que es pa´uno es pa´uno.

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