TRATAMIENTO DE GUION DEL CINE COLOMBIANO

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Para llegar a un guion hay que tener una historia, algo que contar o decir. Para algunos, una inquietud hacia la vida; para otros, una oportunidad de conectar con el público.

Los más técnicos pueden referirse a un tratamiento como el requisito previo para llegar a ese guion, otros menos escépticos lo ven como un recurso de venta y de seducción, póstumo a la secuencia de diálogos y escenas.

Y es que las dudas surgen con cada pagina que se pueda leer de la más reciente versión de “Los cuadernos de cine colombiano”, que en su edición número 28 se ocupan de uno de los rubros más debatidos de la cinematografía actual: El guion.

Porque es cierto que en Colombia las películas se siguen produciendo, las coproducciones se siguen generando y las historias continúan brotando de diferentes lados. Pero aún con todo este promisorio panorama, parece existir un consenso  -no manifiesto- acerca del guion como materia pendiente que aún no estamos seguros de haber aprobado.

¿Nos enfrentamos a una verdad o a una exageración de ciertos sectores? ¿Es el guion el escollo a vencer en la consolidación industrial del cine colombiano? Esto es lo que tienen que decir algunos de los colaboradores de estos cuadernos, que con cada número, nos sumergen en un nuevo aspecto del cine nacional.

Frank Baiz apela al poder literario del guion y a un referente que quizá muchos nos hemos saltado: Gabriel García Marquez. “Gabo” deconstruía y reconstruía historias en las aulas de San Antonio  de Los Baños, y nos demostraba que el guion también puede ser un género literario, aunque con naturaleza más funcional.

“La escritura del guion no tiene reglas”

Gabriel García Márquez

Sin embargo, el ejemplo de Gabo (obviamente conocido por su labor de escritor) corrobora algo que se intuye en la industria actualmente: Este es un país sin guionistas. Sí, con realizadores, directores, actores, productores y escritores que terminan haciendo guiones, pero muy pocos enteramente entregados a la labor de secuenciar y dialogar.

“A los europeos les encanta cuando nuestro cine les recuerda su estado de bienestar”

Libia Stella Gómez relaciona todos sus guiones con anécdotas y episodios de su vida. Quizá por eso le es tan fácil identificar la falta de “verdad” en un relato que aborda temas ajenos a su realidad.

La literatura, la música, la historia de la humanidad y el mismo cine fungen como inspiradores y referencias a la hora de contar algo, pero el máximo banco de potenciales guiones se llama la vida misma y el día a día se transforma en algo “filmable” si aprendemos a verlo con detenimiento.

Por eso, la directora de películas como “La historia del baúl rosado” y “Ella” devela una secuencia que le permite llegar al momento embrionario de la creación. Investigación sobre un tema, experimentación de campo e investigación creativa son la triada de recursos que esta realizadora sugiere a quienes desean embarcarse en la  creación de guiones.

La figura director-guionista se volvió una constante del cine nacional, en parte por la falta de figuras cercanas que ejerzan solo como guionistas y en parte porque se tiende a creer que todo aquel que quiera contar una historia, puede agarrar una cámara y hacerlo.

Sin embargo querer contar, no es equivalente a hacerlo bien, y eso lo sabe Carlos Henao, que ha trabajado como guionista en películas  del calibre de “La vendedora de rosas” y “La sangre y la lluvia”. Con ese bagaje, es claro para él que una de las problemáticas de este proceso de creación de industria, radica en la no-profesionalización del que hace guiones.

“La perspectiva del cine de autor, implica renunciar a compartir el crédito”

El denostado Dago García se defiende de sus acérrimos críticos, de los que le reclaman unos guiones más pensantes y de la erudición en el séptimo arte con un sencillo “Es válido invitar a la gente a no pensar”.

Pero sus argumentos son muchos más profundos aún cuando su cine podría sugerir lo contrario.

“La necesidad de educar al público es una de las falacias con las que las vanguardias nos han intentado explicar porqué no convocan grandes audiencias”

Un abanderado del entretenimiento y de la necesidad de abstracción como proceso natural en cualquier sociedad, defiende la postura del espectador promedio. Para algunos, la comodidad de su cine, poco retador, puede parecer insultante, pero Dago se refiere a esta corriente como un factor más en el juego cinematográfico.

Lo que hace para captar a las masas con sus historias es tanto legítimo como necesario, muy a pesar de las negativas de sus críticos y de aquellos que no conciben el cine como un vulgar espectáculo de crispetas y sodas.

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